Vive la madre coraje en todas las épocas, la mía está en el valle de la vida, que los sicarios quisieron asesinar con sus conocimientos ancestrales. Una vieja asquerosa con vicios inmorales le sedujo para que comiera el veneno la madre; los brebajes del brujo le hicieron sufrir el insomnio y trataron al bello valle convertir en el desierto. ¡Sé que su envidia se apoderó de sí misma! Solo la madre, como todos hombres, conoce el abismo antes que los dioses.


El Yachaq seducido por la vagina de la bella maldad hizo sus armas sicariatos contra la beldad de la madre; sus rituales de envidia e inmoral ante la mística y la vida de la diosa materna dieron su fruto por un cierto tiempo, pero la santa no pecará porque conoce las leyes de la vida y pobre infeliz que daña a toda su creación, porque recibirá el olvido de la vida.

La madre sabe que sus enemigos ignoran la vida y lo que en cada uno de sus hijos es una parte del todo y el todo es cada uno de sus hijos. La madre con rabia y angustiada revela “con mi muerte todo el valle quedará disminuida”. Como dice John Donne: “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”.


La madre nunca negó ni negará a sus creaturas, ella olvida a los que dan muerte, asimismo, es cruel e inhumana contra sus enemigos y a veces siempre castiga. Toda ella es cambiante y viste de color a la vida. La creadora transmite la belleza y la sacralidad a todos los que entran a su seno materno. También, ha vivido los tiempos de horror de la lucha armada y en esos momentos ya dijo, como el mini-cuento de Wislawa Szymborska conocida Vietnam: “Mujer, ¿cómo te llamas? —No sé. / ¿Cuándo naciste, de dónde eres? —No sé. / ¿Por qué cavaste esta madriguera? —No sé. / ¿Desde cuándo te escondes? —No sé. / ¿Por qué me mordiste el dedo cordial? —No sé. / ¿Sabes que no te vamos a hacer nada? —No sé. / ¿A favor de quién estás? —No sé. / Estamos en guerra, tienes que elegir. —No sé. / ¿Existe todavía tu aldea? —No sé. / ¿Estos son tus hijos? —Sí”.

Fuente: 5 poemas de Wisława Szymborska – Zenda

Los asesinos de la madre serán enfermos con psicosis para siempre, ni los dioses podrán curarla, el desdichado asesino padecerá el castigo terrible y eterno, como el pobre Sísifo y el Prometeo. Ya sabía Alfred Hitchcock y que plasmó en su película Psicosis de 1960. Norman Bates es el asesino de la madre y que se enloqueció; por eso, la madre muerta y encerrada ordenaba desde el inconsciente para matar a las mujeres deseadas por él mismo, creendo que solamente la madre es inocente y pura y los restos, no. Asimismo, Norman enloquecido y sin cura lanza sus palabras de la madre, en la escena final: “Es muy triste que una madre tenga que declarar contra su propio hijo. Pero no podía permitir que creyeran que el crimen lo cometí yo. Ahora lo encerrarán, debí hacerlo yo misma hace años, siempre fue un malvado. Intentar hacerles creer que yo había matado a aquellas muchachas y a aquel hombre, como si pudiera hacer algo más que estar sentada y observar igual que sus pájaros disecados. Ellos saben que no puedo ni mover un dedo, ni quiero. Me quedaré aquí sentada, no haré un solo movimiento, sospecharían de mí. Probablemente me vigilan, que vigilen. Así se darán cuenta de la clase de persona que soy. No voy a matarte, tranquilízate. Seguro que me están vigilando. Mejor, mejor. Así dirán “pero si no fue capaz ni de matar una mosca”.

En fin, la madre es materialista porque da abrigo, comida y bebida para poder escapar de la infelicidad ¿Quién podrá negar su amor y soportar su odio apocalíptico de la madre?

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