Fuente: Roberto Cavada
Rene Antonio Hinojosa Benavides

Ciertamente la realmente define la estratósfera, esto es la capa atmosférica que se encuentra más o menos entre los 13 y 50 kilómetros de altura sobre la superficie terrestre.


Allí la radiación ultravioleta del sol convierte el oxígeno en ozono, que a su vez detiene una gran parte de la radiación y, convirtiéndola en calor, le impide llegar a la superficie del planeta. Frente a ello se encuentran los atomizadores con clorofluorocarbono (CFC) que persisten en la atmósfera terrestre, no se descomponen químicamente, ni los lava la lluvia.

Estos CFC siguen ascendiendo hasta llegar hasta llegar más arriba del ozono, donde los desintegra la radiación. En virtud de una serie de reacciones en cadena, los átomos de cloro así liberados convierten otra vez el ozono en oxígeno, disminuyendo la cantidad de ozono. Normalmente llega a la Tierra algo de radiación ultravioleta que es la causante de las quemaduras de sol y a veces del cáncer de la piel. La radiación adicional que llegaría si agotáramos el ozono produciría un aumento de cánceres cutáneos.

Como el ozono convierte la radiación en calor, también podríamos esperar cambios en la temperatura y el clima. Y apenas empiezan a preocuparnos los efectos que eso tendría sobre otros seres vivientes como ganado, maíz, hasta el plancton de los mares, toda vez que es bien conocido que la luz es crucial para la regulación del crecimiento y desarrollo de las plantas.


No obstante, el aumento de la radiación UVB por actividad antrópica, puede tener un impacto negativo sobre estas, provocando reducción de la fotosíntesis y de la producción de biomasa (Carrasco, 2009).

Fuente: Impacto Evangelístico

Actualmente se calcula que ya se ha destruido el uno por ciento de la capa de ozono, y es que los efectos son de acción diferida. Los CFC tardan cierto tiempo en subir hasta la estratósfera, y aun cuando se prohibiera su uso, la reducción de ozono continuaría durante un decenio, pues los CFC que ya están en la atmósfera seguirían subiendo lentamente.

El ozono constantemente se está eliminando y reconstituyendo por medios naturales, pero la presencia de los CFC acelera la descomposición y altera el equilibrio de la naturaleza. La cantidad de ozono volverá a lo normal solo cuando hayan desaparecido los CFC. Aunque dejáramos de usarlos en este momento, el proceso de restablecimiento tardaría más de un siglo. Hay varios niveles de responsabilidad.

Los consumidores en masa ciertamente pueden influir, puesto que una gran parte de los productos que emplean CFC son para uso personal, y las compañías afectadas serán sensibles a la opinión del público. Una reducción en el nivel de ozono ocasiona que la luz UV del sol alcance la superficie de nuestro planeta con las consecuencias tan nefastas para la vida en el planeta Tierra (Vázquez, 1999).

Referencias

Carrasco, L. (2009). Efecto de la radiación ultravioleta-B en plantas. Idesia, 27(3), 59-76.

Vázquez, J. (1999). Modelo de laboratorio de las reacciones de degradación de los CFC’S, HCFC’S Y HFC’S, en la atmósfera. Su relación con la degradación de la capa de ozono y el efecto invernadero [Tesis Doctoral, Universidad Politecnica de Madrid, España]

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