Elemental “El Rey del VRAEM”
El pasado fin de semana tuve la visita de un amigo del pueblo, como se suele decir, el historiador oliventino Carlos Píriz, docente e investigador de historia contemporánea en la Universidad de Cádiz, España. En menos de tres días, desde el viernes por la tarde hasta el lunes a primera hora de la tarde, sucedieron cosas que ni esperábamos. Así son los caminos de la vida, frente a la planificación racional y a las tentaciones del ocio nocturno y de amores pretéritos.
Debido a mi estudio independiente en la Medicina Biológica, no disponía de tiempo suficiente para viajar a la selva como veces anteriores. La propuesta fue visitar Ayacucho, lugares sobre Memoria, el centro arqueológico Wari y Huanta. Sin embargo, entre el dejarse fluir y sin olvidar la intención de viajar a la selva, el subconsciente fue buscando su cauce primigenio. Las pocas horas que quedaron de la tarde y primeras de la noche del viernes fueron para caminar por el centro histórico, acercarse al Área de Fondo Documental y Bibliográfico de Derechos Humanos y Memoria en el Archivo Arzobispal, visitar un amigo en Jr. 28 de Julio, entrar en la Catedral de Huamanga, cenar en Casa Andina y caminar por el Parque Central en la noche. Al caminar, recibí un mensaje de una antigua amiga invitándonos al local Tupana Wasi. Hice la excepción de salir por la amistad que me visitaba. Pasamos un buen rato, alegremente, conversando con un par de cervezas; posteriormente, terminamos en la discoteca Makumba. La experiencia fue óptima para mi amigo y para mí, y no tardamos mucho en irnos para casa. En nuestra cabeza rondaba poder viajar a la selva, aunque fuera un solo día.
Al día siguiente, cada uno cumplió con su cometido hasta las tres de la tarde; por mi parte, continuar con el estudio de la Medicina Biológica; por su parte, visitar el Museo de la Memoria de Ayacucho. Con el objetivo de que conociera Huanta y sus alrededores, visitamos a una amiga a su fiesta de graduación. Previamente, desde la noche anterior y durante la mañana del sábado, pensamos en arriesgarnos y, desde Huanta, viajar a la selva por un día a visitar mis amigos ashaninkas y shipibos, además de poder llegar a las cataratas de Omaya. El plan racional era quedarnos en la fiesta de mi amiga y, al día siguiente, visitar Huanta y sus paisajes. Por otro lado, pensábamos que la fiesta iba a ser en un contexto de promoción amical, más fue una fiesta de graduación personal e íntima, en su casa, donde reinaba la cohesión familiar, los afectos y las emociones contenidas. Para Carlos era una experiencia novedosa. Para mi también fue una experiencia emotiva, ya que me hizo retrotraer al año 2016-17 y al año 2018; cuando falleció mi papá, al día siguiente estaba en esa casa con mi amiga y su mamá. Fue una fiesta muy alegre, con comida, música, baile, cerveza, recuerdos y sentimientos encontrados. Solo tomé el vino del brindis y tres litros de agua, como si fuera una botella personal. A las diez de la noche ya estaba descansando en uno de los cuartos de la casa. Mi amigo, se quedó compartiendo en la fiesta hasta más tarde.
Graduación de Susan Rojas Yance “La negrita”. Huanta.
Fuente: Carlos Píriz
Había prevenido y acordé con un chofer llamarlo a las cuatro de la madrugada para viajar a la selva, Kimbiri, por la ruta de Uchuraccay. Salimos a las cuatro y media de la madrugada hacia Kimbiri. Llegamos casi a las diez de la mañana a casa de José, de sorpresa, aunque le habíamos avisado el día antes que probablemente llegaríamos, según se iban dando las situaciones. Nos presentamos y nos saludamos como siempre con toda la familia. El escenario de altitud, temperatura, vegetación, humedad, temperamento cambió por completo, ya que habíamos pasado de la sierra, región quechua (entre 2300 y 3500 msnm), a la región ceja de selva o selva alta (a 739 msnm aproximadamente).
Debido al poco tiempo que teníamos, queríamos ir a las cataratas a la altura de Omaya, a medio camino entre Kimbiri y Pichari. El tramo no era corto. Llegando a Omaya teníamos que subir hasta el centro poblado Catarata. En C.P. Catarata ingresaríamos a la ruta para llegar caminando a las dos primeras cataratas “Ángela” y “Ángel”. Le transmitimos a José que queríamos caminar hasta la última catarata, la quinta, a dos horas de camino aproximadamente, a la catarata “El Rey del Vraem”.
José, rápido analizó, sugiriendo que teníamos que salir pronto para luego bajar en la tarde a visitar a Olga en la comunidad ashaninka de Sampantuari. Desayunamos en casa de José con un café antes de partir. Milagros, al momento, me dice: “si vais a subir al Rey del Vraem tenéis que llevar coca y dejar ofrenda”. José al final nos acompañó para poder llegar a tiempo. Bajamos a Kimbiri, conseguimos una camioneta hasta el C. P. Catarata y entramos en la ruta caminando hacia “El Rey del Vraem”. Al comienzo de la ruta había algunos restaurantes y recreos turísticos. En el último restaurante, conseguimos que un señor nos diera hoja de coca para entregar de ofrenda al “Rey del Vraem”. No nos paramos mucho en las otras cataratas, solo en algunas partes a descansar un par de minutos. Sería al regresar que nos pararíamos en las demás cataratas y parajes, incluido para vislumbrar el ave autóctona “el gallito de las rocas”. De abajo arriba, las cataratas eran: 1ª: Ángela; 2ª: Ángel; 3ª: Gallo de las Rocas; 4ª: Velo de la novia; 5ª: El Rey del Vraem.
En el transcurso de la ruta, me vino a la memoria que Fredy en Pucallpa ya me había hablado de que, en una visión con su mamá, con Mamá Celinda, cuando habían hecho una ceremonia de Ayahuasca en Kimbiri, habían visionado al Rey del Vraem. La planta maestra Ayahuasca, en el proceso de la ceremonia le había mostrado esos lugares de las cataratas, apareciendo el Rey del Vraem como un abuelito, un anciano poderoso, con poderes y conocimientos, manifestado en la piedra grande frente a la catarata. El Rey del Vraem es un elemental de la naturaleza, que es la misma piedra, no es la catarata en sí.
Le comenté a José mi recuerdo y el me corroboraba relatándome anécdotas de Mamá Celinda cuando vino al Rey del Vraem caminando a primera hora de la mañana y dónde, el Rey del Vraem, le solicitó que tenía que volver para darle conocimientos sobre las plantas y otros aspectos de la medicina; le ayudaba en su camino espiritual otorgándole secretos de la naturaleza. De forma latente está la estructura universal del viaje del héroe de Joseph Campbell (1959).
Después de una hora y media sin apenas descanso, llegamos al Rey del Vraem, gracias a la guía de José, no solo por el tiempo, sino por la precisión de la cosmovisión amazónica con relación a la “realidad” del lugar. Nos acercamos al Rey del Vraem y nos comenta:
“Este es el dueño. Muchos piensan que la catarata es el Rey del Vraem. En sí este es el dueño. Este es el que protege”.
Mientras Carlos se acercaba a la laguna de la catarata, y yo colocaba la mochila en una piedra, la sorpresa de la cosmovisión amazónica se hizo presente. A los segundos, vi a José cerca de la piedra, de cuclillas, fumando un Mapacho, tabaco sagrado que es parte de la ceremonia de Ayahuasca. Encendió otro Mapacho y me llamó: “toma”. Conociendo el proceso, empecé a echarme el humo sobre mi cuerpo también de cuclillas. Llamamos a Carlos para que viniera e hiciera lo mismo. Una limpieza energética antes de acercarnos al “abuelito”.
Al terminar, en nuestra gorra, José colocó en ella un Mapacho, caramelos y las hojas de coca que el señor amablemente nos había regalado. Nos instruyó en cómo encomendarnos al Rey del Vraem, reconociendo en él que era el dueño del lugar, con poderes, conocimientos y una sabiduría ancestral que reflejaba en su apelativo “abuelo”, tanto que, desde la percepción de los ángulos de la piedra, se antropomorfizaba como un rostro. En cada gorra colocó hojas de coca, caramelos y un cigarro Mapacho. Nos acercamos al “abuelo”, cada uno en un lugar de la piedra, del Rey del Vraem, en una actitud de diálogo personal con el “abuelito”. Inmediatamente después nos bañamos en la pequeña poza de agua de la catarata. Posteriormente, al rato, nos fuimos.
Panorámica de la Catarata “El Rey del Vraem”
Fuente: Carlos Píriz
El Rey del Vraem es el abuelito, el dueño de las cataratas. Es el padre de todos. Es el padre del Velo de la Novia, del Gallo de las Rocas, del Ángel, de la catarata Ángela. El papá está arriba, por eso se dice el Rey del Vraem (José, C.N. Sampantuari, 24-08-2025).
El abuelito es un elemental de la tierra, que encarna en la piedra la sabiduría ancestral del lugar, protegiendo al elemental del agua, la catarata y al entorno del paraje natural. Aquí entramos a tallar la relación del ser humano con la naturaleza, con el animismo de los seres del bosque, con el elemental que no es una piedra como objeto inerte. Hay una actitud que hemos tenido frente a la piedra, la catarata y el lugar. Hemos hecho un ritual de pedirle permiso y de que nos proteja, además de nuestro diálogo personal. Lo hemos hecho encomendándonos con el Mapacho, con la coca y los caramelos. Es una ofrenda en la que se le pide con devoción, en un dialogo personal con el “abuelito” indicándole que en algún momento vamos a volver. Él tiene poderes y te puede dar conocimientos y secretos que te ayudan en tu camino de desarrollo personal. Si hay alguna energía en el entorno que pueda interferir en tu camino, el “abuelito” te protege para poder acercarte. Nos damos cuenta de que no hay fronteras entre la cosmovisión amazónica de los shipibos y esta zona de la selva peruana, correspondiente al territorio de la etnia ashaninka. La cosmovisión es la misma con relación a las plantas, el agua, los espíritus del bosque.
Lo que si puede ser diferente al área andina, es que, en la cosmovisión amazónica del área geográfica de los shipibos, por Ucayali, no suele haber piedras y montañas, siendo el terreno plano y con mucha vegetación. La cosmovisión está más enfocada en las plantas. Y así, en la ceremonia de Ayahuasca, Mamá Celinda y Fredy han podido visualizar en el momento de la ceremonia, el anciano-abuelo manifestado en la piedra, con muchos poderes y conocimientos.
Como así entra en ver las energías, y que tipo de ser vivo es esa piedra. Vuelve a ser que esa piedra tiene vida. No es un ser inerte como normalmente conocemos. Y cuando tú crees hasta puede mover las montañas, con esa fe, con esa devoción que tu pones. Pero por la parte andina si, la Pachamama. Hay un antropomorfismo por la forma de las montañas (las cursivas son mías). En cambio, en shipibo ven a través de la planta ayahuasca. Hay queda el ver cuál es el poderío. Hay dos niveles, si le buscas el ángulo con la percepción puedes figurar un anciano. Pero desde el lado shipibo es la misma planta que te hace ver y que puedes hablar con el anciano. Puedes dialogar. (José, C.N. Sampantuari, entrevista, 24-08-2025)
La visión no es una conexión turística del hombre con la naturaleza, sino entrar en el Reino de la Naturaleza, poblado de vida, es decir, de elementales. El plano de la percepción cambió al ir acompañado por un integrante de la cosmovisión amazónica, concretamente, de la etnia shipibo. Atravesar los fenómenos de la naturaleza para conectar con el númen, con los espíritus del bosque, de la catarata, de la piedra que se actualiza en hierofanía, que está más allá del fenómeno. Es aperturar la intuición, un presente intuitivo que atraviesa la fenomenología del entorno para captar otro tipo de sensaciones y realidades más sutiles, energéticas, en una octava superior, de mayor densidad a menor densidad, de mayor opacidad de la materia a una materia más liviana, desde la conexión con el humo del Mapacho hasta el baño desnudo en el agua fría de la catarata después de entregar la ofrenda en una intimidad. Y con este lenguaje pictórico, del presente etnográfico al presente intuitivo, terminamos en casa de la ashaninka Olga, degustando un pescado chipata con masato y un vino tinto seco “Pata Negra”.