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¡Hubiera, hubiera, hubiera!

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Fuente: Diario Correo
Edgar Gutiérrez Gómez
egutierrez@unah.edu.pe

A estas alturas de la vida y con la añadidura estrella de esta cuarentena, un aderezo epidémico que ensalza la existencia que nos lleva a cuestionar el pasado.


Avizorar el futuro es inútil. Perpetuamente lo fue, ahora es una maldición. Pero los optimistas siguen bregando en sus actividades rutinarias, infectados con la ambición económica de acumular fortuna a costa de las necesidades sociales. Esa animosidad, talvez equilibra la balanza económica de los alimentos de primera necesidad que se mantienen estables.

Hubiera nacido en otra etapa de la vida y poder soportar con creces esta situación angustiante de existir. Esa generación más joven, no avista su entierro adelantado, como lo estamos haciendo aquellos vulnerables a receta médica. Hubiera consumido más esa receta folclórica: ajo, kion, limón, árbol de la quina y no sé qué cositas más. Talvez hubiera sido inmune. Estaría entusiasmado en estos instantes, si no hubiera dicho guacatela a ese brebaje folclórico herbolario que los ancestros consumieron a falta de la ciencia médica. 

Hubiera viajado a más destinos, sabiendo que ahora está todo limitado y talvez ya viajo sin retorno a otra supuesta vida inexistente. Hubiera hecho caso a mis ancestros con su filosofía existencial espontánea: huañuspaqa; mikusqayta, tomasqaita, tusuqaitam apacusaq. Hubiera comido solo extras y no menús económicos donde la tía veneno, hubiera bebido licores caros y no trago barato, hubiera bailado más tolerando mi timidez.

¡Ahora! ¿Qué carajos voy a llevar cuando muera con coronavirus? Los míseros ahorros que tenía fueron descontados para el Seguro Social, AFPs, impuestos, préstamos y no me llevaré nada; ni siquiera lloraran viendo mi cuerpo inerte en mi choza que hice con préstamos hipotecarios. Hubiera gastado todo mi mísero sueldo en jaranas estoicas. Hubiera hecho caso a Zenón de Citio, lograr mi felicidad, dejar a un lado mi pasión por la ambición.


Fuente: Diario Oficial El Peruano

Hubiera, hubiera, hubiera: huañukuyman karqa. Para no ver esta situación de angustia mundial. Me hubiera alimentado bien, dejando las comidas chatarras que son más adictivas que las cosechas andinas. Porque, por ahí y por allá; dicen que ese alimento genera anticuerpos para resistir a la epidemia. Hubiera tenido más fe, en esa metafísica vulgar que añora la existencia del ser divino y que protege a los creyentes.


Como no creo ni en mí mismo, yo ya fui. No tengo protección, ni salvación. Hubiera pertenecido a alguna congregación religiosa; porque ellos si están a salvo. Ahora, es demasiado tarde, pues todas las iglesias están cerradas y sus pastores temblando de miedo a contagiarse, no quieren recibirme; menos bautizarme.


Hubiera nacido mujer, pues las estadísticas informan que el virus aniquila a más varones. Mi mamá decía, qarichataya para que trabaje más en la chacra. Hubiera hecho caso a mi mamá, porque ella sabía todo. Te hubiera conocido a ti, talvez me llevabas a la otra senda, del bien y del mal.  Hubiera fumado cigarrillos de marca reconocida y no: Inca, Nacional y sin filtro, así mi pulmón estaría sano. Me hubiera ido a cualquier parte, mientras tenía oportunidad de hacerlo.

Hubiera sido como fulanito de tal, seguro tenía mayores y mejores opciones tanto en la vida, como en la muerte. ¡La verdad! Hubiera, hubiera y hubiera hecho algo, mi arrepentimiento llega tardíamente, recién cuando estoy cerca al ocaso de la existencia. Que irracionalidad del hubiera.

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