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Confucio y la pandemia 2020

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Por: Miguel Ángel Polo Santillán

Mientras la humanidad estaba empezando un nuevo año, un nuevo virus trajo una nueva enfermedad, que se pensó que era local (China), pero resultó siendo una pandemia. A la fecha van cerca de 95 mil muertos en el mundo (1). Y ya se prevé una recesión en la economía mundial. Lo paradójico es que lo único cierto es la incertidumbre de todos los sectores, de gobernantes, ciudadanos, empresarios, militares, estudiantes, familias, humanidad. Y parte de nuestra responsabilidad actual es pensar este nuevo escenario, para tratar de comprender y orientarnos.

Hay autores que escriben sobre las lecciones que nos dan los filósofos griegos antiguos para estos tiempos de pandemia (2). Pero si miramos a China, encontramos a Confucio, cuyas enseñanzas también pueden orientarnos en estos tiempos de pandemia y. asimismo, prepararnos para lo que vendrá después. No interesan en este ensayo los temores que culpan a los chinos actuales de todos los males presentes de la humanidad, creo que la búsqueda de un “chivo expiatorio” siempre ha sido una expresión del miedo y de no darnos cuenta de nuestras propias responsabilidades como humanidad.

La obra confuciana La Gran Enseñanza (3), empieza con un texto de Confucio, compuesto de siete párrafos, que analizaremos a la luz de los acontecimientos actuales.

Finalidad

Empieza la enseñanza señalando la finalidad: “1. El Camino de la Gran Enseñanza consiste en abrillantar la luminosa virtud, renovar a los hombres y alcanzar la más alta excelencia” (Pérez, 1982, p. 325). La finalidad es, pues, la renovación de las personas a través de las virtudes. La asociación de virtudes con excelencias está tanto en la filosofía griega como en la filosofía confuciana. Lo que se busca como finalidad no solo es afirmar la vida, sino una vida digna, tanto social como personalmente. Sin embargo, la condición de la vida digna, es la misma vida, especialmente de los más vulnerables, la cual no era ignorada por este maestro chino.

Uno de los debates que han surgido en todos los países afectados por el coronavirus ha sido en torno al dilema economía o vida. Y lo que hasta ahora sabemos es que por proteger la economía y menospreciar a este virus globalizado, ha costado miles de vidas humanas. Hasta un senador norteamericano expresó que los abuelos como él pueden sacrificarse antes de perjudicar la economía (4). La lógica que está detrás es que los que aportan menos al sistema económico debieran sacrificarse, para no permitir una crisis económica. Así, ancianos, gente sin hogar, pobres, enfermos, etc., entran en esa lista. ¿Será que el virus quiere ser direccionado según los intereses de este darwinismo social del sistema económico? Y ni los estados han estado preparados para defender la vida, solo han estado promoviendo el gozo del consumo, creyendo que en eso radicaba la vida digna y virtuosa. Tremendo error que ahora queda al desnudo.

Entonces, ¿qué deben buscar los Estados y las sociedades? Proteger la vida humana. Es lo que Dussel (2016) llama el principio material que, en momentos de crisis sociales, es a lo que debemos apelar. Y lo formula así:
“El que actúa moral (o éticamente) debe producir, reproducir y aumentar responsablemente la vida concreta de cada singular humano, de cada comunidad a la que pertenezca, que inevitablemente es una vida cultural e histórica, desde una com-prensión de la felicidad que se comparte pulsional y solidariamente, teniendo como referencia última a toda la humanidad, a toda la vida en el planeta Tierra.” (p. 69)

La “vida concreta” hoy está en peligro, sobre todo de los sectores sociales más vulnerables como los ancianos, los enfermos y los pobres. Y sin que quede claro esta condición última de todo nuestro esfuerzo, no podremos tener tranquilidad y cometeremos más errores que aciertos. Por eso, afirmaba el filósofo chino:

“2. Conociendo a dónde se debe tender, se determina el objeto a alcanzar. Habiéndolo determinado se puede conseguir la tranquilidad; tras la tranquilidad se puede obtener la paz y, obtenida ésta, la deliberación es posible. La deliberación es seguida por la consecución del objeto a alcanzar.” (Pérez, 1982, p. 325)

Uno puede preguntar: ¿teniendo claro la finalidad tendremos tranquilidad? Por más que se tenga claridad en la finalidad, en los momentos de pandemia, ¿acaso no están preocupados los líderes políticos? Parece que Confucio se refiere a que habiendo determinado la finalidad, sabemos a dónde queremos ir y eso es importante para tomar decisiones sobre el cómo.

Seguir leyendo: https://letras.unmsm.edu.pe/blog/confucio-y-la-pandemia-2020/

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